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Distrito 7

Irala, Ametzola, Artatzu, Rekalde, Uretamendi, Betolatza, Iturrigorri-Peñaskal

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El actual Distrito 7, “Errekalde”, conformado por los barrios de Rekaldeberri, Iturrigorri, Peñascal, Larraskitu, Uretamendi, Circunvalación, Betolaza, Artazu Goikoa y Behekoa, Iralabarri y Ametzola. Fue inicialmente un espacio de agricultura y ganadería, perteneciente a la anteiglesia de Abando, que producía para autoabastecerse y para vender a los habitantes de la cercana Villa de Bilbao. Eran famosos el txakoli y los árboles frutales de la zona, a la que no le faltaron, además de batallas carlistas, leyendas sobre brujas y aquelarres. Esta época preindustrial nos habla de un Errekalde bucólico para las gentes de la Villa, que buscaban en él alimento, ocio y esparcimiento.

En 1895, se pone en marcha el primer elemento de segregación espacial que establecería el rumbo de la mayor parte del distrito, aislándolo del resto de la Villa: el ramal de Cantalojas a Olabeaga del ferrocarril Bilbao-Portugalete que, al no estar incluido en los planes del segundo Ensanche, fracturó también su planificación urbanística. Permitía albergar doble vía, triple en algunos tramos, a lo que hay que sumar los ferrocarriles de Santander a Bilbao y su estación de mercancías en Ametzola, el ramal industrial a Azbarren, y diversas vías de ferrocarriles mineros, algunos de los cuales ya existían previamente y otros se fueron sumando con el tiempo. Para 1920 esta cicatriz constituirá un elemento de segregación espacial y social de los futuros barrios del sur de Bilbao, especialmente de Irala, San Adrian, Iturrigorri, Rekalde, La Casilla y Basurto.

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En 1927 aparece por primera vez en el nomenclátor de Bilbao la calle Gordóniz, la principal arteria de Rekalde. Previamente, a comienzos de los 20, se había conformado el primer espacio claramente urbano, en torno a las calles Goya y Rekaldeberri, a la altura de Camilo Villabaso. Se configuró de esta forma el corazón del barrio, un triángulo formado por las citadas calles.

El lavadero de mineral en Arane (el nombre coloquial del polideportivo municipal que se ubica hoy ahí es “El Fango”), las canteras de Peñascal, Gaztelondo, Urkijo o Esparza-Ipiña y la trituradora de basuras de Bilbao, junto con las vías del ferrocarril, van conformando, durante las primeras décadas del siglo XX una zona de baja calidad urbana y barata, en la que se van asentando las personas migrantes del estado que llegan en busca de nuevas oportunidades de trabajo. Así, a partir de los años 30 del siglo XX se inicia un tímido crecimiento poblacional, que en 1950 dio lugar a los barrios de San Antonio, Uretamendi y Betolaza, con un alto porcentaje de infravivienda, y que llega a 70.000 habitantes en los años 70 según la Asociación de Familias, junto a 300 emplazamientos fabriles y hasta 30 empresas de transporte.de infravivienda, y que llega a 70.000 habitantes en los años 70, según la Asociación de Familias, junto a 300 emplazamientos fabriles y hasta 30 empresas de transporte.

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La caótica planificación urbanística (o la ausencia de la misma) que acompaña al desarrollismo industrial de esta época hace que las instituciones no piensen ni en vías o medios de comunicación, ni en infraestructuras educativas, sanitarias, culturales o deportivas ni, mucho menos, en zonas verdes o de esparcimiento.

En 1958 se acaba la construcción de un puente de 360 metros de largo por 24 de ancho que permite a la gente salvar los 4 pasos a nivel que debían cruzar cada vez que querían conectarse con el resto del municipio. Será tres años después, en 1961, cuando llega el primer trolebús número 4 hasta Errekalde.

Las necesidades existentes y el aislamiento del resto de Bilbao, propician un fuerte sentimiento identitario. El perfil obrero del territorio y el perfil antidemocrático de las instituciones en esta época hacen que, aprovechando un resquicio legal, se cree en 1966, la Asociación de Familias de Rekaldeberri (AFR) que en su acta fundacional plantea: “lograr la elevación del nivel moral, social, cultural y cívico de las familias de su ámbito territorial (…) en la zona de Recaldeberri, así como en los barrios de Peñascal, Betolaza, San Antonio, Uretamendi y sus adyacentes, que tengan comunidad de intereses y problemas de la demarcación citada…”.

Esta asociación es, para mucha gente, la primera asociación vecinal del estado, no surge en un desierto comunitario. Las asociaciones deportivas, los movimientos cristianos y obreros, el boletín Recaldeberri, así como diversas acciones y reivindicaciones previas, cristalizan en esta organización que a su vez será cuna para otras tantas: Asociación de Vecinos del Peñascal, Comisión contra el Vertedero de Artigas, Biblioteca de Recalde, Universidad Popular, Comisión de Fiestas, Comisión Pro-Eroski…

Combinando el trabajo comunitario con la denuncia social y el uso de los cauces institucionales disponibles, esta asociación dinamiza el territorio consiguiendo avances para el mismo. Para conocer más en profundidad su trabajo y la impronta que dejó se pueden consultar los siguientes documentos:

.- El libro negro de Recaldeberri. AFM. Ed. Dirosa 1975.

.- Más allá del barro y las promesas AFM. Ed. Revolución. 1983.

.- Rekaldeberri: La trama de un barrio. VVAA. Autoeditado. 2011.

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En 1975 otra infraestructura de movilidad atravesó la zona sin aportarle beneficio alguno, la Solución Sur, la autopista que todavía hoy sobrevuela la plaza de Rekalde. Se expropiaron y derribaron viviendas, así como el cine Arraiz y la Iglesia, el convento de las dominicas en Artazu y se ocuparon los terrenos en los que estaba prevista la construcción de un Instituto de Enseñanzas Medias. Su construcción y posterior puesta en marcha dificultó más las condiciones de vida de la zona. Aunque la AFR no consiguió parar la carretera, ese mismo año, poco antes de la inauguración de la Solución Sur, presentó 50.000 firmas pidiendo la dimisión de la alcaldesa franquista Pilar Careaga por su mala gestión. Poco después la alcaldesa dejaba su puesto.

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1975 es también el año de la muerte de Franco y comienzo del fin del Franquismo. En 1979 se celebraron las primeras elecciones municipales en Bilbao, pero el paso a la democracia no aceleró las mejoras que el barrio reclamaba. Los movimientos ciudadanos de la zona se fueron alejando entre ellos debido a las diversas posturas en torno a los nuevos cauces de participación política y sindical, a las formas de organización asociativa y de reivindicación vecinal.

Se abre una nueva etapa para los movimientos ciudadanos, más polarizados y diversos, pero también con capacidad para tender puentes y trabajar juntos cuando así lo requiere la situación. Un ejemplo de esto es el conflicto sobre la ubicación de la nueva Iglesia de Rekaldeberri. La anterior había sido derruida para construir la autopista y se habían instalado unos barracones provisionales en la plaza: “La Campa de Rekalde”.

De nuevo, el trabajo comunitario (concurso de ideas para la reordenación urbanística junto con acciones legales y de protesta) consiguió que el diseño de la nueva plaza de Rekalde cubriese las necesidades de todo el barrio. Así, en 1984 se anuló la concesión de licencia al Obispado, y el Ayuntamiento determinó que la Iglesia se situara en un lateral de la plaza, aceptando la propuesta ganadora del concurso de ideas organizado por la Asociación de Familias.

Pero de alguna forma es el año 1983 el que marca un hito en la zona. En plena Aste Nagusia de Bilbao las lluvias torrenciales desbordan la ría, suponiendo un drama para todo el municipio. Los años de nula planificación urbanística, la canalización deficiente del rio Helguera, la explotación de las canteras, la poca retención de las laderas de los montes y el tapón que suponían las vías ferroviarias, provocaron un desastre natural y social de grandes dimensiones.

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Estos dos últimos hechos inician una época en la que la intervención municipal en el territorio se ve intensificada. Se llevan a cabo grandes obras, entre las que cabe mencionar el soterramiento de las vías ferroviarias, eliminando la barrera física más importante para comunicar Rekalde con Irala, Ametzola y el resto de Bilbao. También  se cubrieron algunas de las demandas sociales y culturales de equipamientos y servicios que las diversas asociaciones y movimientos ciudadanos del Distrito 7 reclamaban.

Paralelamente han ido llegando nuevas personas migradas a Errekalde, como lo hicieron otras en el siglo XX; el cierre de Kukutza en 2011 supuso la desaparición de un espacio comunitario que todavía no ha sido sustituido; diversas crisis económicas golpean fuerte y reconfiguran y encaminan el municipio hacia el sector servicios; se crea el consejo de distrito; se abren los centros municipales con los recursos que aportan; algunas asociaciones desaparecen y otras surgen al albor de las nuevas necesidades; hay dos Centros de Salud en el distrito; la gente quiere que la Solución Sur deje de pender sobre sus cabezas y que el metro llegue hasta Rekalde.

Así llegabamos al año 2021, en un contexto pandémico que ha puesto en valor el trabajo comunitario y colaborativo entre todos los agentes sociales existentes en el territorio (administración, recursos técnicos y ciudadanía), que es indispensable para la mejora de la calidad de vida y la búsqueda del bien común de las personas.

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